Valle de Elqui

        

          

Emblse Puclaro

       

  

Museo Gabriela Mistral

      

        

Observatorio Mamalluca

 

 

  

Cocinas Solares, Villaseca

  

    

Cochiguaz

 

Camino al Valle de Elqui

   

"Valle del Elqui, más cerca del cielo"... así dice un adhesivo que sé encuentra en los lugares de venta de artesanía en el Valle de Elqui. Puede ser por las vibraciones magnéticas que los científicos le atribuyen al lugar; por la paz y tranquilidad que se respira; o por el espíritu de la gente que ha huido de las ciudades y se ha dedicado a la vida natural, incluso construyendo sus propias casas. Es especial, y debe serlo, para haber sido la cuna de nuestra Premio Nobel de Literatura, Gabriela Mistral, quien ahora descansa en la cima de un cerro en Montegrande, con la vista que siempre amó.

    

Saliendo de La Serena, después de pasar por el Aeropuerto, el paisaje ya cambia. Es verde, es montaña, es campo y aire puro. A los costados del camino, hay pequeños poblados como Algarrobito, Altovalsol, Las Rojas y El Molle. La mayoría construidos en adobes, con calles de tierra y viejas iglesias. Vale la pena visitarlos y conversar con la gente que camina en las calles y te saluda. Son gente buena, simple, acogedora y abiertos al turista. Nada mejor que escuchar alguna de sus historias para darse cuenta de cómo es realmente la vida en esos lugares. Conmueve, encanta, dan ganas de quedarse.  Algarrobito es un típico poblado del Valle de Elqui rodeado de quintas frutales y huertos. Se ubica a 15 kms. de La Serena internándose en el Valle y posee como atractivos uno de los cementerios más antiguos de Chile y una hermosa iglesia construida en adobe. Sus habitantes se han especializado en la producción de exquisitos manjares y dulces que ofrecen a los turistas.

    

En El Molle, hay buenos restaurantes y el entorno es arrebatador. Es un lugar en el que destacan casonas campesinas donde se ofrecen platos típicos, en especial dulces de higo y papayas, además de membrillo, manjar blanco y pan amasado. Puede visitar la Casa de la Cultura y el taller de tapices medidatativos.

     

El Embalse Puclaro es una impresionante obra de ingeniería que ocupa 760 hás. y se ubica a 41 kms. de La Serena. Es un lugar donde no sólo puede deleitarse con el paisaje, sino que existe la posibilidad de realizar windsurf y caminatas por sectores autorizados. Luego, siguiendo por el mismo camino, Vicuña, a 66 kms. de La Serena. Con aproximadamente 8.000 habitantes, fundada en 1.821, tiene el encanto de una pequeña gran ciudad. La ciudad está profundamente ligada a la vida de la poetisa chilena Gabriela Mistral, por lo que es recomendable visitar el Museo Gabriela Mistral donde se conservan el archivo, biblioteca, cuadros, premios y objetos personales de la poetisa chilena, galardonada con el Premio Nobel en 1945, y su casa natal donde se mantiene el mobiliario, fotografías y recuerdos de su vida. En ambos lugares venden souvenirs y libros de la escritora en diferentes versiones. Impresiona que una mujer con raíces tan humildes, nacida en un pueblo olvidado del mundo, llegara a ser la gran poetisa que conocemos.

      

Otros lugares que vale la pena visitar en Vicuña son El Solar de los Madariaga, ubicado en calle Gabriela Mistral 683, construido en 1875, que conserva la decoración de la época, fotografías, y una antigua cocina a leña. También se puede visitar la planta de Pisco Capel, donde en un tour gratuito, muestran todo el proceso de transformación de uva en pisco. Interesante. Al final del tour, una degustación de pisco o vino dulce.

     

A 9 kms. de Vicuña, se encuentra el Observatorio Comunal Cerro Mamalluca que está abierto al público en visitas guiadas durante el día y todas las noches del año para los aficionados a la astronomía, oportunidad en que podrá observar el cielo a través de un telescopio de 30 cm. de diámetro ubicado en una cúpula. Villaseca es un pequeño poblado que se encuentra al lado de áridos cerros y a 8 kms. de Vicuña. Se le conoce por sus artesanas que utilizan hornos solares.

        

Continuando al interior del Valle se llega a Peralillo, uno de los más importantes, ya que en él se conserva la estructura característica de la zona en torno a la calle principal. Es muy pintoresco, mantiene su iglesia de adobe y es lugar donde existen grandes plantaciones de uvas.

     

La próxima parada es en Paihuano, capital de la comuna, ubicado a 9 kms. de Rivadavia. Un típico pueblo de calles rectas rodeadas de antiguos pimientos desde donde se observa el Valle del río Claro y las faldas de sus cerros cubiertas de viñedos. Saliendo del pueblo, hay un camping que simula un oasis entre los cerros. Sauces y pimientos a la orilla del río Elqui, donde hay también piscina y un pequeño puente colgante que atraviesa el río, en el que también se puede nadar. Ideal para hacer un asado y pasar una tarde muy agradable a la orilla del río. A 14 kms. de Paihuano está Montegrande. Entrando, a mano izquierda está La Galería de Arte Zen, de origen budista, donde existen pinturas, talleres de relajación y meditación. A su lado, un pequeño stand en el que se pueden comprar perfumes naturales de limón, naranjas o hierbas. El pueblo cuenta con una hermosa iglesia con un alto campanario de madera. Más arriba, el Mausoleo de Gabriela Mistral, donde en su lápida están grabadas estas palabras: "Es mi voluntad que mi cuerpo sea enterrado en mi amado pueblo de Monte Grande del Valle de Elqui". Se respira un aire diferente. Al pié de la tumba de Gabriela, hay una bifurcación donde está el camino a Cochiguaz, y la subida a Pisco Elqui.

       

Siguiendo por el camino a Pisco Elqui, a 2 kms. de Montegrande está este pequeño pueblo. A un costado de la plaza, el Solar de Pisco Control, donde también es posible visitar las instalaciones y destilería. Si se buscan cabalgatas, hay que preguntar por Don Darío.

      

Volviendo a Montegrande, tomamos el camino a Cochiguaz. A lo largo de éste, muchas cabañas, camping y algunas comunidades, las cuales se pueden visitar y en las que se encuentran reiki y masajes de relajación. El paisaje es increíble. Por la noche, el cielo parece estar al alcance de la mano. Limpio, claro y estrellado como nunca antes. Puede ser cierto que el Valle del Elqui está más cerca del cielo... Y si no lo está, ciertamente es la inolvidable impresión que produce.

Textos Ximena Bustamante para GoChile.cl

Extractos Publireportaje Turismochile.com

      

 

 

 

Inicio  -  Historia  -  Actividades  -  Alojamiento  -  Gastronomía  -  Mapas  -  Galería de Fotos

 

 

      

       

Valle de Elqui

   

    

Algarrobito

      

  

El Molle

  

          

Emblse Puclaro

       

    

Torre Bauer, Vicuña

  

  

Museo Gabriela Mistral

      

        

Observatorio Cº Mamalluca

 

 

  

Cocinas Solares, Villaseca

 

   

Pisco Elqui

  

    

Cochiguaz

Ruta del Vino de Limarí

                      

Es invierno y está despejado, uno más en los 360 días al año que ofrece el valle del Limarí, según cuentan los lugareños de esta zona de la IV región. Avanzamos por la carretera 5 Norte hacia la viña Tamaya, perteneciente a la Ruta del Vino.

                         

De reciente creación, la Ruta ha aprovechado tres de las potencialidades escondidas del injustamente rezagado valle del Limarí: la gran cantidad de empresas vitivinícolas que han utilizado los verdes valles del río homónimo para producir vinos de exportación; la impresionante herencia cultural del legado arqueológico y los paisajes prístinos de la cordillera de la costa.

                     

El recorrido está compuesto por las viñas Tamaya, Francisco de Aguirre, Tabalí, la productora de avestruces Ovatrus y la Hacienda Santa Cristina. En este caso iremos a la primera y a la última.

                 

El Lugar que Domina

           
Tamaya es el nombre de un poblado vecino, así como de la viña que visitaremos, y nomina a uno de los cerros más elevados de la cordillera de la costa, precisamente el que cobija los viñedos y al que los diaguitas bautizaron como “Lugar Alto que Domina”... o Tamaya.

                    

Las 108 hectáreas totales de vides que crean variedades notables de Syrah, Carmenère y Chardonnay, no solamente ofrecen la experiencia de transitar por una viña y probar sus variedades, ya que su terreno esconde varias sorpresas.

                   

Un guía de la viña nos acompaña hasta un mirador a los pies del cerro, mientras explica las bondades de cada cepa. Desde arriba es imposible no mirar con admiración la potente imagen del valle de Limarí. Cerros ocres y campos verdes, lindo contraste; por el este la cordillera andina completamente nevada, mientras por el oeste entra libre el viento costero y húmedo.

                     

Descendemos. Nos dirigimos a las piedras tacitas. Vestigio del paso centenario del hombre diaguita por la zona, la roca se encuentra resguardada en un cerco de cactus, a modo de identificación, en el yermo paisaje. Se trata de una piedra con varios huecos horadados, casi como un queso, en dónde se molían alimentos, minerales o se usaban para reservar aguas lluvias. La IV región tiene un notable registro de asentamientos indígenas reflejados en las ya mencionadas tacitas, pictografías, litografías y utensilios de cocina o caza. Lamentablemente han sido robados, ensuciados o rotos por ladrones, ignorantes y destrozones que flagelan la riqueza patrimonial de éstos.

                      

Vamos ahora a la última parada antes del vino: el cementerio de Tamaya. Emplazado acá desde 1920, en sí, es todo una atracción. En cada una de las tumbas se alza una iglesia. ¿Cómo? Réplicas en miniatura de los templos serenenses. Colorido, lleno de flores de papel y con estas iglesias el lugar es único. Raro y por eso único.

                   

La Casa de Baco

                
Imposible no bendecir al dios griego Baco al encontrarnos a las puertas de la viña y empezar a oler el embriagante aroma de cientos de litros de vino en producción. A pesar de no ser época de vendimia, la vida de la viña no cesa. Secretamente en toneles de roble de la sala de guarda hay vinos en espera de su mejor momento y la embotelladora continúa su constante producción.

                      

La visita comienza con una detallada charla de la sala de recepción de las uvas, limpieza y selección. Posteriormente enormes tanques de metal reciben los caldos y los mantienen por tres semanas entre 16 y 21 grados Celsius. Salón siguiente y aparecen los característicos toneles de madera, roble americano o francés, donde se sucede la conversión del mosto a un vino con las características escogidas por el enólogo. Durante cuatro años los 225 litros de cada tonel esperan para ser embotellados en las modernas máquinas que realizan la tarea en el galpón anexo.

                       

Última parada, la cata. Momento en que toda la técnica explicada anteriormente por el guía será aprobada por el paladar en forma de elixir tinto.  Me gusta el vino, porque el vino es bueno, decía el Temucano. Yo le doy mi voto. En el salón nos vigila un hombre toro, que es parte de la leyenda de Tamaya. Con doncella y todo envueltos en un cuadro que encabeza la sala. Al medio de una mesa con finas copas y flanquedos por centenas de botellas de guarda lista para el envasado, un Reserva Especial nos espera. Una vez descorchado, el placer de un buen Syrah-Cabernet Sauvignon hace su esperado efecto.

                 

Santa Hacienda

               
Aún con el sabor del vino en la memoria, emprendemos rumbo hacia el paso final: la Hacienda Santa Cristina, donde almorzaremos. Son pocos kilómetros los que hay que recorrer hasta un desvío que cruza un pequeño caserío hasta que un gran portón nos da la bienvenida.

                    

Construida en el año 1930, la casona aún conserva los rasgos tradicionales del tipo arquitectónico de la época, vale decir, grandes patios internos o zaguanes, grandes dormitorios, gran living, etc. Sin embargo, la hacienda estuvo abandona por varios años y fue Paulina Gálvez, dueña del Chiringuito de Puerto Velero, quién rescató para sí la vivienda, transformándola ahora en una especie de casa museo.

               

La cantidad de objetos, cuadros y detalles que hay en el interior del espacio haría poner verde a cualquier anticuario o coleccionista. Desde la ornamentación de piezas y camas, hasta el hermoso comedor hacen notar el gusto de la dueña.

                   

La hacienda se prepara mientras para cosas mayores. Junto con la quesería, que con 500 cabras le da vida a quesos que se mezclan con orégano, ciboulette, merquén o papaya, se está terminando de construir una gran cabaña que será el restaurante que se ubicará junto a una gran piscina. Además cuenta con una mesa de pool, salones de evento y un patio en dónde un fenomenal almuerzo nos esperaba. Empanadas de distinto tipo, los quesos de la hacienda, camarones de río, panqueques de mariscos, entre otras se cuentan en el menú ofrecido por Paulina. La degustación, absolutamente recomendable, sumado a la amabilidad y sencillez de la dueña dan como broche de oro al recorrido.

                 

Resumiendo, lo más bueno es que esto es la muestra de uno de los paseos que se incorporarán a la ruta del Vino de Limarí, que estará en el cien por ciento de su potencial en el mes de agosto, junto a las dos viñas antes mencionadas y a la productora de avestruces.

                      

Cómo para ir pensando en que los atractivos del valle recién se comienzan a desentumecer para el mercado turístico nacional, agregándole, de paso, un valor agregado a la IV región y un reconocimiento largamente merecido a la zona del río Limarí.

        

Texto y Fotos Jorge López Orozco - para Chile.com

  

Inicio - Historia - Actividades - Alojamiento - Gastronomía - Mapas - Galería Fotos - E-mail

      

Todos los derechos reservados 2007-2008. Prohibida su reproducción total o parcial sin expresa autorización por escrito.

 Proyecto Web Cyber X